
Estaba transformadísima la playa en ese momento.
No parecía en absoluto el mismo lugar que había sido en la mañana.
Si uno miraba con atención entre el humo se daba cuenta...
Había en el aire algo que iba hacia la rabia, un corrimiento al rojo irreprimible.
Irreversible.
No me olvido.
Hace poco leí "El juguete rabioso", de Roberto Arlt.
Una novela corta casi autobiográfica.
El personaje principal, del cual me enamoré, excéntrico, bipolar, y extremista,
dice en un mismo diálogo:
-Es como un mundo que de pronto cayera encima de nosotros. Ahora estoy tranquilo. Iré por la vida como si fuera un muerto. Así veo la vida, como un gran desierto amarillo.
-Después creí que el mundo se abría en dos partes, que todo se tornaba de un color más puro y los hombres no éramos tan desdichados. Todo me sorprende. A veces tengo la sensación de que hace una hora que he venido a la tierra y que todo es nuevo, flamante, hermoso. Y me dan ganas de reír, de salir a la calle y pegarle puñetazos amistosos a la gente. ¿No le ha sucedido?
-Sí...
-Sí, alguna vez sucederá eso.... sucederá que la gente irá por la calle preguntándose los unos a los otros: ¿Es cierto esto, es cierto?
La playa azul cambia a la playa roja.
Son la misma pero no son la misma.
Entonces uno se pone exquisito. Pretencioso.
No sólo quiere estar en la playa más linda,
también quiere estar allí en el mejor momento.
Pero no nos dejan jugar así nomás con las cuatro dimensiones.
Nos quedan grandes, no es verdad?
Estamos a la intemperie todo el día.
Y eso es algo misteriosamente cierto.
2 comentarios:
caminar como un muerto por un desierto amarillo como una fiebre.
me gustó el desorden ordenado.
el vaivén entre el texto citado y el texto escrito por vos. de un semi verso a una semiprosa.
ay, parezco un profesor de literatura berreta.
en fin, me gustó. simple.
me gusto tambien
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