Yo estaba en el club, llegando tarde a una clase. Estaba demasiado nerviosa, apurada, y para llegar más rápido tomé unas escaleras que nunca usaba, y de repente me dí cuenta de que mi club era mucho más grande de lo que pensaba.
Me metí por lugares donde no había estado antes y me perdí. Yo no paraba de caminar rapidísimo, en vez de detenerme y pensar el camino, no podía parar de bajar escaleras y cruzar pasillos. Todo el lugar comenzó a volverse más descuidado a medida que yo bajaba. Era como un hospital abandonado, en un estado calamitoso, igual o peor que el Clínicas por dentro.
En uno de esos pisos, cuando giro casi corriendo, veo médicos, o por lo menos gente con tapabocas y esas túnicas raras verdes, como escondida en una sala. Alguien me ve, y sale a perseguirme. Yo empiezo a correr cada vez más rápido tratando de no caerme ni pegarme contra ninguna baranda oxidada. Entonces me voy metiendo cada vez por más pasillos hasta que salgo por un hueco en una pared.
Creí que iba a salir a la calle del club, pero ni ahí, salgo a un barrio rarísimo, lleno de casas en ruina y empiezo a trepar casas y muros, nerviosa aunque hacía rato que ya no me perseguía nadie.
Yo estaba acelerada y sentía que mi nerviosismo aceleraba a las mismas paredes por las que estaba trepando, y ellas se daban cuenta de mi nerviosismo y de mi respiración agitada como si estuviesen vivas.
De repente me doy cuenta de que trepé demasiado alto, y que no me puedo bajar. Estoy en una chimenea, pero no es una chimenea normal. Es una chimenea que tiene los ladrillos flojos. Cuando inhalo aire, la chimenea sube y yo estoy demasiado alto para tirarme, entonces tengo que largar aire para que baje, pero estoy tan asustada que no lo consigo, y además no puedo largar aire para siempre...
Entonces la situación es desesperante. Los ladrillos empiezan a aflojarse y yo pienso que se van a romper todos, pero en vez de eso empiezan a cubrirse de musgo conmigo adentro. Empiezo a retorcerme para salir de ahí, y me doy cuenta de que no es musgo: es PELO. Sí, pelo, y entonces en un ladrillo que está pegado a mi cara aparece un hocico. UN HOCICO y me doy cuenta de que la chimenea se va a transformar en un lobo que me va a envolver. De repente y sin pensarlo, como si supiera la solución de un hechizo, le arranco el hocico a medio formar con un palo.
Entonces el lobo-chimenea se desploma en medio de su mutación y ahí quedo yo, viendo los ladrillos con patas de lobo, con el palo en la mano y arriba del techo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario