Se iban y sabían que no volverían pronto. Sus cosas con ellos y las otras no. Es sólo cuestión de definir sus cosas, así es más fácil. Si lo logran hacer de la manera correcta casi no hay recuerdos: Muchos amigos y buenas historias, buenos tiempos en donde no fueron tristes, que luego exagerarían al evocarlos una y otra vez.
El baúl de sus recuerdos es demasiado grande y no es liviano. No pudieron dejarlo porque nunca dejaría de ser parte de sus cosas, así que lo llevaron. Era sólo una mirada y el baúl crecía. Crecía y parecía que los miraba también, una habitación pequeña y un baúl grande. Ganas de ser felices que no fueron suficientes.
Cada día estaba él ahí, y ya era uno de ellos. Empezaron a mirarlo todos los días al despertarse, no podían evitar levantar su tapa y sentir el olor que traía. Después lo miraban antes del café, y antes de acostarse también. A veces se sorprendían abriéndolo en mitad de la noche.
Adentro las cosas se habían desordenado por el viaje, y no consiguieron volverlas a su sitio por más que lo intentaron. Cuando el baúl crecía, crecían las cosas de adentro, siempre desordenadas y de alguna manera aparecían cosas que no recordaban haber llevado. Supuestamente se generaban unas a otras, hasta que tuvieron que admitir que la mayoría las ponían ellos.
Llegó un momento en que pasaban la mayor parte de su día mirándolo. Cuando iban a trabajar llamaban para ver si seguía allí. Después comenzaron a faltar al trabajo, y a trancar las puertas y las ventanas antes de ir a dormir, sólo para que no hubiese más nadie ni menos nadie que ellos y el baúl.
Ellos lo veían crecer mientras lo miraban, como quien ve crecer las plantas. Cada vez eran más chicos ellos y más grande él, y más abierta su tapa, y el olor llenaba ya toda la habitación. No más olor a café ni a casa nueva en país nuevo.
Parece que un día uno de ellos quiso buscar más en el fondo y se resbaló y se cayó adentro. El otro fue a buscarlo y cayeron los dos. Ahora se quedan siempre en el baúl, y es mejor porque no tienen que tomarse el trabajo de sostener su tapa mientras miran. Además están seguros de que al baúl no les va a pasar nada, y si le pasa algo, les pasa también a ellos. Un día se dieron cuenta de que las cosas nuevas de la casa nueva habían entrado. Así que ahora no falta nadie.
Esa es su nueva casa y no necesitan salir para dormir, y mucho menos para comer. Los recuerdos no perdieron su olor ni su sabor, y es el mismo que tenían cuando vinieron. Tienen textura y además los alimentan. Nunca para de haber recuerdos, siempre se generan nuevos viejos recuerdos y se puede vivir de ellos. Los dos están muy contentos, nunca pensaron que su nueva vida iba a ser tan parecida a la anterior.
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