Las hojas que ahora caen no son las mismas. El silencio las da por muertas y ellas sólo se quedaron quietas. Bajan las nubes para no extrañarlas.
Pasan las horas, duermen los dioses que ya olvidaste, se fugan las palabras que tenías trancadas entre mente y garganta. Poco queda. Por suerte las hojas sólo se quedaron quietas y también tus manos, que no quieren taparte los ojos de nuevo.
Inevitablemente, abajo estalla el sol. Si fuese tan fácil guardar sus luces, meterlas de nuevo en la galera del mago. Esperanzas, toscas piezas de un juego que preferiste perder.
Un sólo paso. Contando los segundos, se escucha el grito y nada más. El silencio te da por muerto. Por suerte sólo te quedaste quieto.
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